Koatlikue, Madre de la Dualidad, Ométeotl
Ométeotl es la dualidad misma. Ométeotl viene del náwatl, significa Deidad Dos; toda la filosofía, el pensamiento, la religiosidad y la cosmogonía del Anáwuak, está basada en la dualidad que forma un equilibrio, y sustenta el mundo. En el pensamiento filosófico y cosmogónico del Anáwak, por un lado, El Hacedor, El Preservador, crea el Universo; y por el otro lado, lo destruye. El Universo estaba entendido como una sola entidad, como el Uno; este Uno era visto como una entidad hermafrodita, de esencia masculina y femenina. Sin embargo, había una entidad por encima del Universo, una Deidad inefable y misteriosa, que era al mismo tiempo, Mente-Útero Universal, y era esta entidad la que había dado luz al Hermafrodita Universal, esta entidad era: Tonantsin, es decir, La Madrecita. Si el universo era EL TODO, quién le había dado a luz era LA NADA, y este maravilloso concepto fue expuesto y creído como dogma de fe, en lo largo y ancho del mundo. Ofrezco algunas pruebas para demostrarlo, sin embargo, el tema merece un estudio mayor y más profundo.
Es cierto que el antropólogo controversial, Frank Diaz, alega que Ométeotl significa Trinidad, es decir, Tres en Uno, -en su propia interpretación- si es esto cierto, en nada afecta la presente interpretación; donde Tonantsin es la Diosa, y Ketsalkóatl y Teskatlipoka, sus emanaciones consecuentes, como expondré a continuación:
Tonantsin, de Naturaleza Femenina, emanó una entidas hermafrodita, de esencia masculina y femenina; El Que Crea, y El Que Destruye. Sabemos por la estatua de Koatlikue, custodiada por el museo de antropología e historia de México, que los meshicas representaron al Universo de la siguiente manera, la cabeza de la llamada Madrecita, tiene dos serpientes emplumadas, aquí nos encontramos con Ketsalkóatl, El Creador del Universo, la parte racional de nuestro ser, el Tonal. Quien, sin olvidarlo un solo momento, es en sí mismo, una dualidad.
Ketsalkóatl es el Teskatlipoka Blanco, también llamado Ejécatl, (Dios del Aire); Ejécatl nos invita a elevarnos como el viento, a volar como el quetzal, y alcanzar la plenitud espiritual en torno a los más nobles ideales; nos invita a seguir el camino del tolteca. Las serpientes en el pensamiento tolteca, también pueden simbolizar la sangre, como líquido o esencia de la vida; de allí que la Madre con faldas de serpiente, haga girar o funcionar el Universo con su sangre, o líquido cósmico; de allí entenderíamos porque Tlálok, (Señor del Agua), rige el paraíso de donde todos procedemos, el mensaje es claro, del agua viene la vida.
En la parte de abajo, nos encontramos con pezuñas que tienen garras; estas pezuñas pertenecen al Ocelote, o Jaguar, es decir, Teskatlipoka Negro. Esta es la parte destructora de nuestro Ser, la irracional, instintiva o animal, el Tonal. Aquí el Universo es representado como El Destructor, Teskatlipoka Negro es llamado Miktlantekutli, el Señor de los Muertos, ¡Qué barbaridad es escuchar a los eruditos modernos! Alegan que los cráneos, las manos y los corazones del collar de la Madrecita, son producto de los sacrificios humanos que le ofrecían, ¡Mentira! Teskatlipoka es el Señor de los Muertos, este collar es atributo del Teskatlipoka Negro, ¡Su emblema como Señor del Miktlán, o Reino de los Muertos! Recordemos que la Negra Tierra, es donde los que eran los vivos son ahora enterrados, y sufren el proceso de descomposición, tenemos también presente pues el Elemento Tierra.
Como Madre, de Uitsiloposhtli, lleva en su seno al Elemento Fuego, es decir, el Sol cósmico; no únicamente nuestra estrella; sino el Fuego de la Vida en general. Es este Sol Cósmico quien se sacrifica para la humanidad cada ciclo, y en esto nos recuerda a la querida deidad Shipe Totek, Nuestro Señor Desollado, quien nos invita a quitarnos la materia que no nos permite trascender al plano espiritual, sacrificarnos a nosotros mismos y elevarnos al paraíso, Tamoanchan.
como Diosa de la Fertilidad, pero también invitan a nosotros sus hijos a probar de ellos, a sentirnos alimentados, cobijados y protegidos por su dulzura y su abrazo. Ella no solo es Madre de Dios, o Madre Naturaleza, es directamente Madre de todos nosotros, sus hijos. Nuestra Señora no hace distinción de nada de lo que existe, todo forma parte de un ciclo, y ese ciclo, ocurre dentro de Ella, la vida y la muerte, ambas una ilusión. En Ella, las dualidades interactuan de manera armónica, Ella es toda armonía, la reconciliación de los opuestos.
Con una forma tan complejo y abstracta de pensamiento, es posible entender porque el Sem Anáwuak, alcanzo el esplendor tan magnifico; aunado a la ciencia y la tecnología tan avanzadas, y que lamentablemente será muy difícil que podamos recuperar tanta sabiduría, sin embargo; es cierto que la sangre de nuestros viejos y antepasados viven en nosotros, tenemos su memoria genética.





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