jueves, 30 de noviembre de 2017

El Relato Cosmogónico Tolteka,Ketsalkóatl y Tonantsin (Antigua Leyenda)



El Relato Cosmogónico Tolteka,

Ketsalkóatl y Tonantsin (Antigua Leyenda)


Este continente, este enorme pedazo de tierra, que esta entre dos océanos, se le nombraba Sem Anawak; así lo conocieron los viejos abuelos, los mayas, los meshicas, los otomíes, los olmekas, los mijes, nuestros hermanos tarascos, purépechas, chichimecas y toda la buena gente que vivió aquí, en efecto; Sem Anawak, significa tierra rodeada de agua.

Los toltekas, los sabios y dirigentes de los pueblos; eran una casta culta y civilizada que mantuvo el conocimiento de sus ancestros, y cuyo nivel de sanidad, ciencia y tecnología fue la más grande del mundo conocido. Ellos inventaron el cero, hicieron comestible y más grande la mazorca de maíz, crearon el sistema de chinampas para la agricultura, sus cálculos astronómicos apenas difieren en décimas de segundo a nuestras computarizadas cuentas. Los toltecas de todos los pueblos, se reunían en las grandes Tolan (ciudades), para discutir sus nuevos avances tecnológicos, científicos y filosóficos-religiosos.




Desafortunadamente, sus conocimientos se perdieron con el tiempo, y los toltekas desaparecieron llevándose con ellos su sabiduría ancestral. La humanidad sin rumbo, sin la bondadosa mano de sus antiguos dirigentes, se perdió en el error, la ignorancia y la desesperación; y entonces en su error, los nuevos dirigentes cambiaron las autenticas narraciones toltekas, espirituales-filosóficas; y las suplantaron por historias con un espíritu materialista y guerrero; estas historias concordaban con el tipo de vida y pensamiento, que llevaba nuestra humanidad perdida, sin la luz del sabio tolteka. Cuando llegaron los españoles, destruyeron los  más antiguos códices, asesinaron a los últimos maestros y falsificaron los pocos relatos auténticos que quedaban, para justificar la cruel conquista; presentaron a nuestra gente como caníbales y asesinos, seres deshumanizados.

Pero no todo está perdido, aún queda la esencia de los antiguos maestros, aún vive entre nuestras gentes la concepción bella y filosófica del mundo, en nuestra sangre, en nuestro código genético aún viven los toltekas...


Esta es la reconstrucción de los relatos antiguos del Sem Anawak:

Cuentan los viejos y los antiguos padres, que hace muchísimo tiempo era Ometéotl, quién era Madre Nuestra, Padre Nuestro, Dios Viejo; y era la Noche Oscura, como un caos primigenio, semejante a un violento tornado,  y lo llamaron Viento Noche.

Ometéolt estaba en la soledad, y nadie había quien viera esta maravilla, en efecto; no había nadie aún para verle. Pero Ometéotl viendo dentro de sí, vio su opuesto, que era la luz brillante, y era tan hermosa la luz; que decidió dividirse. Así surgieron Omeciwuatl, Señora Dos, y Ometekutli, Señor Dos; y encontrándose diferentes, lo mismo que compatibles, se unieron en un abrazo. Fue ese abrazo que origino el Universo y el amanecer de la creación.

Omeciwuatl, es la hermosa materialidad que inunda los cinco sentidos, los elementos, la Tierra y la Luna, aquel goce que se experimenta, lo palpable, Aquella por Quien se Vive; los antepasados la llamaron Mestli. 
Ometekutli es la bella Luz, lo intangible, Aquel que está Cerca y Lejos, lo que nos permite movernos, el calor y el espíritu, como un Sol era en efecto; llenaba de calor el universo, de luz y de energía; nuestros antepasados lo llamaron Tonatiú.

Todo el universo fue creado en el abrazo que Ellos se dieron al inicio. El basto cosmos es como un gran Árbol que extiende sus raíces profundas en el mundo de los muertos, y sus bellas ramas adornadas de verdes hojas, es donde moran los Dioses. Ese abrazo se expande a los cuatro rumbos, a las cuatro esquinas de aquello que no tiene esquinas, como una equis o una cruz; así fue su abrazo que dio origen al inconmensurable universo.

Pero todo lo que inicia, tiene un final, como en una carrera, como una línea recta; así era el tiempo. Y los Dioses se preguntaron qué pasaría después de que ellos se fueran. Entonces Nuestro Señor descubrió la solución, tenía que encarnarse en el mundo terrenal; para volver ser espíritu, tenía que descender. Para descubrir cómo funciona la vida, tenía que descubrir cómo funciona la muerte. Porque solo a través de la muerte viene la vida eterna. Si podía vencer a las fuerzas de la muerte, la vida continuaría, y la Vida, que son los Dioses, no se perdería jamás; y habría vida por siempre en el cosmos. 

Y así entro a la vida, a la vida en la Tierra. El Señor se encarnó en la Señora Dos, que al ser Madre de Dios y Madre Tierra, fue llamada Tonantsin por los hombres y mujeres que poblaron tiempo después el  Sem Anáwuak; Tonantsin significa Madrecita. Sin ninguna intervención, el Señor es Padre de sí mismo, y Nuestra Señora da a luz virginalmente a su esposo e hijo. Así fue como Quetzalcóatl llego al mundo. Se cuenta que del cielo cayo una piedra, una hermosa esmeralda, y así la Madre quedó en cinta de Dios.

Ketsalkóatl es el Ser del Espíritu, representado en la bella ave del Quetzal que vuela en lo mas alto, cerca del paraíso; y al entrar en la Madre Tierra, es igualmente la Serpiente, la Koatl; cuya forma fálica nos recuerda su autoconcepción, y su cambio de piel son los ciclos y las estaciones. Así es que Ketzalkóatl, in Soshitl-in Kuíkatl, y todos los guerreros espirituales o floridos, deben seguir el camino de la Flor y Canto; que es belleza-equilibrio y poesía-filosofía. De la manera que el Padre, quien era todo espíritu, alguna vez fue carne, por eso su nombre de Ketzakóatl; mientras que la Madre fue llamada Siwuakóatl, que significa Mujer Serpiente, pues ella siempre ha sido la bella carne y la hermosa Madre Tierra, o Naturaleza.




La Unión Divina, (el espíritu y la carne), la Chispa Divina en todas las cosas, el Dios que se Encarna en el mundo, eso es Él Ketsalkóatl. La Shimalma Tonantsin, dio a Luz a un Hijo, el Hijo de la Promesa y le cuidaba con maternal cariño y dulzura. Cuando el Divino Niño creció, se convirtió en un joven esplendido y hermoso, de larga cabellera, un joven bello y andrógino como el mundo no conoció. Su luz era tan radiante que alumbró al mundo.

Y ambos Dioses estaban en armonía y vivieron de la belleza de su existencia, bailando entre las flores, escuchando la música de las aves, y haciendo el amor; fue un momento placentero y extático para los Grandes Señores de la Felicidad. Nuestros Dioses, quienes protegen todos los actos de amor, placer, fiesta, embriaguez y auto complacencia; son invocados por nuestra gente con el nombre de Soshipili y Soshiketsal, cuyo significado respectivo es Príncipe de las Flores y Quetzal de Flores, o Flor Hermosa. Las parejas de jóvenes amantes o prometidos los invocan, también aquellos que desean encontrar el amor; lo mismo los jóvenes varones que se aman entre ellos invocan a su protector Soshipili, y las mujeres que se aman entre ellas a Soshiketsal.

Pero con todo bello amanecer, viene  también la caída del sol. Y el Padre Dios comprendió que tenía que enfrentar su destino y sacrificarse a sí mismo. Así fue como auto-sacrificándose ante la Madre Tierra, viajo en espíritu al Miktlán, el lugar de los muertos; el sitio donde toda vida nunca volvía, los muertos no 
regresaban jamás. 

Cuando Él murió, la Tierra antes llena de verdor, y con el calor irradiante del
verano, se tornó fría, no había más luz que alumbrara la tierra; y la Señora no quería dar las condiciones necesarias para la vida en el mundo.

Porque estaba de luto y le lloraba a su hijo y amante. Algunas naciones llaman al Señor en su advocación de Shipe Toték, Nuestro Señor Desollado, en honor a su sacrificio, otros más le dicen Mishkoatl o Camashtle; porque ese es titulo que obtuvo nuestro piadoso Señor. Fue tanto el dolor y la desesperación de la Madre Bendita, que en las primaveras se escucha su lamento: ¡Ay, ay mi hijo!"...

Ketzakóatl descendió al Mictlán, y allí tuvo que pasar por duras pruebas, algunos dicen que fueron siete pruebas; pero las supero, y posteriormente viajo hasta lo más profundo, donde tenía que encontrarse con el Señor de la Muerte, el Miktlantekutli. Al llegar al trono, ¡Cual fue su sorpresa al ver un Gran Espejo de Humo! porque Él, quien era la belleza blanca de la vida; al reflejarse en este espejo, encontró la horrorosa muerte, Él era de color Negro como la Tierra, ¡El era la cara de la Muerte! Teskatlipoka, le llamaron nuestros abuelos, que significa Espejo Humeante. Entonces comprendió que Él mismo era en si una dualidad, La vida y La Muerte ¡El era su propio enemigo! Enfrentándose a sí mismo, y venciéndose, Ketsalkóatl resucito con la ayuda de la Madrecita. 

Si, fue Ella quien molió los huesos de Ketsalkóatl, y regó con la sangre de su hijo su propio ceno. 




Y volvió a la vida en forma de Mazorcas de Maíz, su cuerpo, sus huesos y su carne, se hicieron Maíz, y su espíritu se liberó del Miktlán, de la muerte para siempre; y los Dioses crearon al hombre y a la mujer de Mazorcas de Maíz, que es verdaderamente el cuerpo de Ketsalkóatl. Fue llamado Sintéotl, Señor del Maíz. Las mujeres y hombres del Sem Anáwuak estamos agradecidos con nuestros Dioses, nos han dado la vida, pero no una vida que se acaba, porque aunque el cuerpo sirve de abono para el Maíz y el Frijol; nuestros espíritus son liberados por intercesión de Ketzalkóatl, que venció a la muerte, y nos reencarnamos en nuestros descendientes en el mundo. Fue así como el Padre Dios venció a la muerte y creo los ciclos, para que nada muriera en realidad; solo cambiara a través del tiempo. Así que el tiempo dejo de ser como una línea recta, y ahora da vueltas interminablemente, en el ciclo del destino, la fortuna e infortuna de los seres vivientes. 

 Por todo esto es que somos hijos de nuestros ancestros, compartimos su historia y pasado, y sus Dioses son nuestros Dioses.

El Padre Dios puso su morado en el Paraíso que Soshitlikakan o Tamoanshan, algunos dicen que en el treceavo cielo, y otros lo llaman el Tlalokan. Pero aun así, el Padre Dios sigue alimentando a sus hijos, por medio del fruto de su cuerpo, y manda la sagrada lluvia que es su propia esencia para que fecunde a la Madre Diosa Tierra, Koatlikue. Algunos dicen que esa esencia, el agua, o la lluvia; es su sangre o su semen, o su Santo Espíritu. En esta advocación, algunos pueblos lo llaman Tlálok, otros lo nombran Kosijo, o Shak, o Tajin. La gente ve venir en el cielo a la estrella de la mañana, al planeta que ahora llaman Venus, y recuerdan como fue que el Gran Señor camino en el mundo, y regresa a nosotros interminablemente.



Gracias al sacrificio de Nuestros Dioses, el sol se levanta cada día, aunque tenga que descender a la oscuridad, ¡Solo para volver a brillar en la mañana! El verano se vuelve invierno, pero renacerá en primavera; y los hombres y mujeres mueren, pero reencarnarán en las futuras generaciones. Ketsalkóatl, Padre Nuestro, prometió regresar cuando los habitantes del Sem Anáwuak hayan perdido la fe, cuando no recuerden sus orígenes y vivan en la violencia y lo opresión; entonces El regresará a gobernar con sabiduría y rectitud, y no habrá más guerras, ni oprimidos, y los Dioses vivirán en amor y felicidad como en antaño, los hombres volverán a sus antiguos Dioses, ¡Y todos seremos libres y felices!

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